“Hemos sido” el misterio de una canción.

Para Reynaldo y Reynaldo Jr. Y para los músicos de “Hemos sido”.

Con mi admiración y un abrazo así de grande,

Manuel Gayol Mecías

Amigo mío, tu canción surge de un sueño. Hay una profunda sed de amor no solo por una mujer ideal, sino por el ser que nos crea la inspiración de vivir. ¿Cómo es posible hablar de un pasado? ¿Decir: “Hemos sido?”, y en un vuelo las metáforas y las imágenes se encuentran en presente y corren al futuro. ¿Cómo explicar esto, amigo?, ¿ese destiempo de las pupilas que miran hacia adentro? ¿Cómo explicar ese hecho de sentir el resplandor entre las manos y, al mismo tiempo, la diversidad del universo descubierto todo en la intimidad de una canción? ¿Cómo…, amigo querido?… ¿Cómo siempre puedes conjugar la canción casi perfecta?, ¿cómo tu voz y tu sentido poético? ¿Cómo…? Si el mundo hoy en día gira al revés, y ya nos quiere impedir la calidez de la rosa y el rostro terso, los ansiosos labios entreabiertos de esa hermosa muchacha que se emociona ante la flor.

Ese mar, esas montañas, ese cielo turgente y esta canción del alma es el misterio mismo de las insólitas noches de un sueño de amor. Venir de una isla gastada, arruinada y lúgubre para despertar en la nueva imaginación de los amantes, esa es la vida que respira más allá de la muerte. Canción de amor, canción de amanecer; alborada que alimenta de pasión a las almas. Seres en la noche, más allá del mundo, que aún esperan el crepúsculo y la mañana; seres que buscan el origen de “la ola que se aleja”.

Reynaldo, amigo mío, tu voz es la delicada fuerza, de un misterio suave, tímbrico; es como la voz del otoño; al menos, en esta canción eres el otoño, triste y placentero, de una nostalgia. Eres el ser-sonido, melodioso, diferentemente tuyo. Eres la sensibilidad vibrando entre tus manos.

Sentir el sonido de una trompeta que redime el corazón. Esas notas incesantes que se convierten en lágrimas de amor, en puro sentimientos de nostalgia; algoritmos de fascinación, fuegos de artificios que aparecen en los sueños de la vigilia.

Hay nuevos mundos en el mapa del universo, en los colores mezclados de las galaxias, nebulosas y burbujas de ozono envueltas por la materia oscura que alcanza otras dimensiones. La trompeta es la noche irradiante, la espontánea luz de la orquestación, el símbolo sonoro de la pasión y la sensibilidad. La trompeta es como un abismo de la eternidad; es la sucesión detrás de los dos seres en el parque.

Es el libre albedrío después del crepúsculo, sonido y ansias, texto de los amantes que esperan, y saben que la luz es libertad. Melodía sin fin, orquestación exacta al afinar la voz, plataforma de misterios que sustentan los decibeles justos para que la sonoridad de la palabra crezca, se proclame canción y poesía, y trascienda la imagen humana de la esperanza.

Amor de historia antigua, de viaje sin fin en medio del insólito pasado medieval, pasaje de laberintos inconformes, misterio abisal, música del ser. Tu canción… es una sagrada noche de los dioses.

“Hemos Sido” autor: Reynaldo Fernandez Pavon / Orquestador: Reynaldo de Jesus Fernandez Veiga
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